Ya ha aparecido la primera crítica de “Elepé” y esta firmada por Julio Castro.

EL FUTURO INELUDIBLE DE LA MOVIDA.

Bertoldo, el amante de Toñi (Fran Arráez), acaba de abandonarla sin darle más explicaciones que tirarle las llaves de casa en la puerta y largarse a Palencia. Lucía (Carmen Mayordomo) ha conseguido un casting para entrar en una película de Pedro, que tiene un nombre muy largo (algo así como “Mujeres al borde de la histeria”…). Ángel (Iván Ugalde) es un muchacho algo parado, que ha llegado del pueblo, y al que su tío coloca de portero en su cutre local: Elepé.

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Es el nuevo montaje de Carlos Be y The Zombie Company, que se estrenó en La Casa de la Portera. Una comedia (con tintes trágicos, cómo no), en la que se recupera el ambiente de la década de los ’80 en Madrid, de aquella Movida que protagonizó toda una generación o, mejor dicho, muy distintas generaciones, de gentes que nada tenían en común, y que siguieron sin tenerlo, más allá de encontrarse en los locales de moda, adorar a ídolos que muchas veces tenían pies de barro y, después de todo, encontrarse en medio de la nada.

Según te ubicas en el primer espacio, la comedia que reside detrás de esta historia se hace patente, en la fantástica idea del diseño escénico y el atrezo que han elaborado (concretamente Alberto Puraenvidia), y me refiero al escenario de Elepé, así como al espacio del DJ (“pincha”, en aquella época), desde donde se manejarán los controles técnicos. Dividido entre lo cómico y lo ridículo del minimalismo logrado, reconozco que me ha facilitado mucho situarme dentro del argumento y sus intenciones antes de arrancar.

Más allá de la divertida comedia que nos presentan autor y compañía, encontramos un recuerdo al período que marcó una etapa de nuestra historia reciente, pero también la visión crítica y mordaz desde puntos de vista diferentes, donde la idea de una manera fácil de vivir o de sobrevivir, se acaba transformando en distintos tormentos, como nos van señalando.

Es curioso que en pocas semanas haya asistido a dos estrenos relacionados con la época de la Movida Madrileña, cada uno con un prisma de visión diferente, y con intenciones muy distintas, pero también con formatos diversos. Debe ser que hemos entrado en una nueva era romántica, salvo que, con sentido crítico, porque tanto este Elepé de Carlos Be, como La ceremonia de la confusión, de María Velasco, son textos teatrales que proponen, innovan, miran y hacen mirar al público.

Pero, entre tanto, la diversión y vivir al día son las prioridades de estos personajes, que a medida que avanza la obra se dirigen hacia nuestro presente. Quizá por eso son capaces de establecer un diálogo, no sólo gracioso, sino interesante en el formato, ya que hablan del futuro como una cuestión inevitable, que va a ser como ellos lo ven, porque su futuro es un ya pasado para nuestros días.

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En cuanto a los contenidos y la ejecución, me parece que, ya que estamos ante un equipo muy bien engranado, y con una gran experiencia, el movimiento va saliendo de manera natural (tengamos en cuenta que se ha llegado al estreno sin apenas tiempo de ensayos, pero no se perciben problemas importantes al respecto), y el trabajo de las canciones es bastante bueno, en especial en el caso de Fran Arráez. Pero cada cual tiene su momento en la obra, y se hacen con su espacio fácilmente, intercambiando protagonismo. Seguramente el momento de aparición de Toñi es el más impactante, al inicio de la función, pero Lucía logra hacerse con su espacio de diva atormentada cuando es preciso, y Ángel va aprendiendo a tomar las riendas de su vida a partir de los momentos de intervención más explosivos.

Entre otras cosas, los números musicales del trío son buenísimos, pero el trabajo individual también es enorme.

No contentos con esto, han decidido romper la cuarta pared con el público continuamente, sin pararse a pensar (ni permitirnos esa opción a l@s asistentes), si somos espectador@s o una parte integrante de la obra. Tanto es así, que la comedia, la diversión y la fiesta, acaban por instalarse en todo el espacio en que se desarrolla.

Si algo va mal, ell@s mism@s saldrán del atolladero momentáneo, pero, además, el traslado entre espacios, que siempre es una transición traumática y delicada, se atreven a hacerla en distintas ocasiones, dando continuidad a la acción, y recuperando rápidamente la tensión (quizá algo menos en la primera ocasión, pero porque el inicio de ese segundo acto es más intimista).

En poco tiempo (dos o tres años), hemos visto evolucionar a Carlos Be y a su compañía, con textos más clásicos y de alta densidad (Exhumación, o Muere, Numancia, muere), a productos de corte diferente (como el divertido y ligero 696 que se incluye en la obra Tres segundos), o de mayor calado, pero con una actualidad más directa, como es el caso de su exitosa Peceras.

Me parece que la profesionalidad de la compañía, desde el dramaturgo y director, hasta el escenógrafo, evidencia al montar este complicado trabajo en tan poco tiempo. Pero ayer, en el estreno, la idea con la que terminé es la de confiar en la larga vida, al menos, del núcleo de la compañía, porque demuestran que su trabajo, profesionalidad y capacidad de adaptación a los tiempos, para generar productos de interés y calidad, pueden ser una seña de identidad de una época que, muy lejana y distante a la de los ’80, sin duda puede marcar estos tiempos.

ELEPÉ.

Todos los MIÉRCOLES de ABRIL.

20h y 22h.

Duración: 1h 20m.

Precio 15€.

Teléfono de reservas 649397571 de 11h a 14h y de 17h a 20h.