Desde su blog CERCADELACERCA, P.J.L. Domínguez dedica a EVA HA MUERTO esta fantástica crítica. Para leerla completa, podéis seguir este enlace.

Eva ha muerto

EVA HA MUERTO

Por  P.J.L. Domínguez

Un escenario desnudo, un actor desnudo. Eso dicen las frases promocionales, pero no hay que ser semiólogo para saber que hasta un cuerpo desnudo nos transmite todo tipo de mensajes.

César Augusto Cair ha escrito varias novelas y cuatro o cinco textos teatrales. No le conozco ninguno más que éste. Adán ha sobrevivido a Eva. Algunas alteraciones sobre el relato original, de todos conocido, permiten situarlo eternamente penitente por su rebelión. Como Sísifo o Tántalo, citados en el texto; Prometeo o el judío errante, no citados. También permiten acusar a Dios de mentiroso. Al fin y al cabo, Él inspiró las Escrituras, y éstas no cuentan la historia real, sino una versión maquillada para evitar que se conozca su carácter celoso y vengativo. No está mal traído, pero es como para preguntarse cómo al Todopoderoso se le dio tan mal maquillar todo el resto del Antiguo Testamento.

[…] Desde la muerte de Eva, a Adán sólo le queda lamentarse, perdido en la soledad de un paraíso trasmutado en infierno de soledad.

[…] La historia no empieza exactamente así. Empieza con Adán solo y, digámoslo cuanto antes, es mucho mejor cuando es narrativa que cuando es exclusivamente lírica. La introducción es un poco demasiado extensa. Sobre todo, hace temer que aquello siga por ese camino durante toda la función, temor que produce lo peor que puede ocurrirle al teatro: el desdoblamiento del espectador entre uno que ve y otro que teme. Afortunadamente, no es así. Cuando Adán llega al punto en el que empieza a desgranar los acontecimientos que se suceden desde la creación de Eva, la cosa empieza a volar sola. Esto no quiere decir que todo el lirismo sobre, ni mucho menos. La descripción del despertar de los sentidos, por ejemplo, deja rastro en la memoria del espectador.

Eva ha muerto

La narración pasa por esta fase de la derecha (La primera familia) y llega a la muerte de Abel. Creo que no destripo mucho si les cuento que Caín no tiene, el pobre, nada que ver con eso. Abel, simplemente, muere, y ése es el suceso que provoca el desafío de Eva. Su suicidio, habría que decir. “Dios nos ha dicho que no debemos comer ni tocar el fruto de ese árbol, porque si lo hacemos, moriremos” (Génesis, 3-3). Come a sabiendas de  que morirá, porque no hay serpiente que le sugiera lo contrario. Adán come entonces del otro árbol. ¿El otro?, se preguntarán. Sepan los que anden flojillos de cultura bíblica que hay DOS árboles en esta historia: el árbol de vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis, capítulo 2, versículo 9). El primero daba la vida y el segundo la muerte. De acuerdo, es un poco confuso, pero no hay que olvidar las condiciones de transmisión de la información que Christopher Hitchens, en ese panfleto -superficial pero divertido- titulado en castellano Dios no es bueno, glosaba así: Una dificultad añadida es la incontestable tendencia del Omnipotente a manifestarse sólo a individuos iletrados y de incierta historicidad, en áreas desérticas del próximo oriente que fueron durante mucho tiempo patria de la veneración de ídolos y de la superstición, repletas ya en muchos casos de preexistentes profecías. En fin, Eva muerta, Adán decide comer del árbol que lo hace inmortal. Y de ahí el suplicio de vagar para los restos por el jardín del Edén.

¿Da esto para hora y diez? Pues ya les digo que, una vez que la narración entra en harina, y a pesar de las dudas iniciales, sí. Mikel Arostegui le pone muchas ganas, y Cair le ha puesto una música -la Liturgia de San Juan Crisóstomo, de Tchaikovsky, aquí tienen un fragmento– que le viene como anillo al dedo. ¿Por qué? Porque el almacenero de nuestro imaginario colectivo la reconoce de inmediato como música religiosa, pero percibe también un inefable perfume extraño que emana de su condición oriental y ortodoxa. Esto es, no produce la sensación trillada de música de iglesia (expresión de proverbial ignorancia, pero con la que hay que lidiar). Además de eso, la música coral es, en líneas generales, mucho más difícil de datar de oído que la sinfónica, por motivos obvios: primero, porque hay menos elementos en juego y, por tanto, menos pistas (falta la pista esencial de la instrumentación, por ejemplo), pero también porque los elementos estilísticos propios de cada período son mucho menos evidentes. Esto de Tchaikovsky es un buen ejemplo: media docena de compases sinfónicos bastan, casi siempre, para delatar su mano, pero pónganle la grabación a un músico que no conozca la obra, y verán el aprieto. En parte, este efecto se debe a que la música coral -y, sobre todo, la música coral religiosa- ha cultivado durante siglos el arcaísmo. El arranque del fragmento del enlace lo podría haber firmado tranquilamente, pongamos por caso, Donostia en 1924. Claro que no estaría en ruso. La percepción -consciente o inconsciente- del ruso tiene su relevancia en esta sensación de extrañeza.

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Volvamos. Relevante contribución, por tanto, la de esta banda sonora hermosa, trascendente y extraña. Contribuye no poco a construir la atmósfera de ese lugar hermoso, trascendente y extraño que es el Paraíso terrenal. El otro añadido es el efecto de los relámpagos con que Dios Padre castiga a Adán cada vez que dice una burrada. Bien pergeñados aun con los escasos recursos de la sala, pero demasiado numerosos. Cada vez que un relámpago se desata, Adán cae fulminado al suelo. Unas pocas veces, impresiona; unas muchas veces, deja de hacerlo. Evito casi siempre dar recomendaciones, porque son odiosas, pero me parece que ésta es evidente: quiten relámpagos, terminan pareciendo una muleta fácil para tirar adelante.

Y volvamos a las ganas de Arostegui. A mí me gustó. Me gustó la gesticulación, por momentos poco teatral, más de andar por la calle ahora mismo y, por tanto, emparentada con un realismo tirando a televisivo. Me gustó la convicción y la mirada limpia que fija en las pupilas de los espectadores. Pone una muy verosímil cara de chico bueno apaleado: podría, como Diego Martín, ser Semion Semionovich en La gaviota. No crean que yo sé mucho de esto de la interpretación, que es un mundo, pero, en mi modesta opinión, es un actor al que no se le han pegado las malas mañas que a menudo se ven en intérpretes muy jóvenes. Habrá que ver por dónde sigue. […]

Eva ha muerto

“EVA HA MUERTO”

JUEVES 20h – DOMINGO 18h – 12€

Autor y director: César Augusto CAIR

Protagonista: Mikel AROSTEGUI

Voz en off: Adolfo CORIA

La CASA de la PORTERA

Reservas: Teléfono 649397571 (de 11h a 14h y de 17h a 20h) o en EntradasYmas.com