Periodo de reflexión, de Sergio Martínez Vila en La Casa de la Portera

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Cuando fui a la Casa de la Portera a ver Periodo de reflexión la verdad es que no esperaba mucho. No conocía al autor, Sergio Martínez Vila, ni al director, Camilo Vásquez, ni a las actrices del elenco y había visto unas cuantas promos y fotos del montaje. Eso sí, había leído el comentario que hizoTRAGYCOM en su blog sobre la obra.

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Pero es indudable que la cada día más familiar Casa de la Portera me sigue ofreciendo sorpresas… Cuando entras en la sala roja te encuentras con una mujer (Mikeka N´Shimbi) sentada junto a una mesa, bastante cutre, y envuelta en una manta. Entra una policía (Carolina Clemente) y se encarga del interrogatorio de esa mujer, de la que apenas llegamos a saber poco más que que se llama Joy y que es del Congo. Nuestro desasosiego comienza desde que observas que la agente de policía no está preparada en absoluto para el interrogatorio, en el que se supone que le tiene que dar a conocer sus derechos, ese “periodo de reflexión” que da título a la obra. Ni se entienden por el idioma, ni en la comisaría disponen de intérpretes, ni tan siquiera de inglés, así que nuestra incomodidad ante la situación de desamparo absoluto de la mujer, que siendo una víctima es, además, tratada como una delincuente, crece con la suya.

La obra nos traslada al pasado entonces, al Club Jade, un prostíbulo cualquiera, en cualquier carretera, de los muchos, visibles pero ignorados, en nuestro país. Ahí la madame del club, interpretada por la genial Marta Malone, trata de forma cruel y vejatoria a la que debería ser una compañera en el sufrimiento, mientras llama “putas” a las protagonistas de las revistas del corazón e instruye a la nueva recluta, no por su propio bien, salud y seguridad, sino en cómo mantenerse guapa y sana para seducir a los clientes y obtener así más dinero.

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Entonces pasamos de voyeurs a clientes del prostíbulo, cuando la madame nos presenta a las chicas y sus “atributos”. Y aquí creo no hablar solo por mí misma, como mujer, sino por cualquiera de asistentes, cuando la madame empezó descaradamente a destacar las “cualidades” de las chicas. Recordaba un mercado de carne, literalmente, o lo que imaginas que fueron los mercados de esclavos (o, probablemente, continúen siéndolo). Esta escena me recordó una visita a la zona roja de Amsterdam; aunque sabes que allí, por lo menos, les ampara su situación legal y tienen derechos. Las chicas del prostíbulo constituyen una pequeña muestra de los diferencias culturales, sociales y nacionales, de las mujeres víctimas de este entramado de “trata de personas”, que extiende sus redes por todos los rincones del planeta, y en la función hay una latina, una africana, una española, además de la madame, rumana. La trama sigue adentrándose en unos pocos momentos de intimidad, en la que las mujeres cuentan lo que les ha traído hasta aquí. Todas las actrices sobresalen en sus respectivos papeles. Fabia Castro, como la española, es totalmente creíble como la yonqui que pierde cualquier tipo de solidaridad o respeto con sus compañeras con tal de conseguir su droga. Mikeka N’Shimbi es la congoleña vendida por su propio marido y que, para su mayor desgracia, no puede ni comunicarse con sus propias compañeras. Es desesperante ver cómo lo intenta y choca contra el muro de la ignorancia, de la burocracia, encarnado en la agente de policía, que también es, quizás, metáfora de todos nosotros, testigos de lo que pasa y que, solo cuando nos toca al hombro directamente, hace que actuemos; eso sí, no sin buenas intenciones. Pero no somos capaces de ir más allá y a pesar de que nos afecta y, si pusiéramos algo más de interés, algo podría cambiar, nada pasa y todo se desliza hacia el final, realista a más no poder.

Tanto el texto de Sergio Martínez Vila, como la dirección de Camilo Vásquez consiguen implicarte en las desesperadas situaciones que han empujado, en algunos casos literalmente, a estas mujeres a estos prostíbulos de carretera, mucho más visibles cuando circulamos por la noche, escenarios de escalofriantes actos en los que ni se nos ocurriría pensar y que esta función trae al escenario de una forma en la que hoy, un día después de haberla visto, todavía me produce desasosiego.

Además, no puedo tener más que admiración por la interpretación de las actrices que, en la función que vimos, además, tuvieron varios problemas técnicos, como un apagón, que solventaron perfectamente incluyéndolo sin problemas aparentes en la representación. Ya he destacado a Mikeka N’Shimbi y a Fabia Castro, pero Marta Malone, como la madame rumana, cínica y cruel, impresiona cada vez que su mirada se cruza con la tuya. Carolina Clemente borda a la agente de policía, a su vez con sus propios problemas, y Viridiana Moreno, como la “latina” que lo que quiere es cantar, desborda sensualidad además de ternura en su trato con el resto de las chicas.

Una obra para la reflexión, sin duda. Teatro social y documental que merece y debería ser visto, además, por su valor artístico.

Probablemente pasemos a pensar en otra cosa rápidamente, ya sabemos que la memoria es corta, y más en estos tiempos, pero creo que miraremos esos “puticlubs” de carreteras, con sus luces de colores, de otra forma.

PERIODO DE REFLEXIÓN

ABRIL – MARTES 20:30 y MIÉRCOLES 20h y 22h – 15€

Autor: Sergio Martínez Vila

Director: Camilo Vásquez

Intérpretes: Carolina Clemente, Mikeka N’Shimbi, Marta Malone, Viridiana Moreno y Fabia Castro

La CASA de la PORTERA

Teléfono de reservas 649397571 (de 11h a 14h y de 17h a 20h) o en entradasymas.com