El año pasado LA VISITA, una obra basada en hechos reales, escrita y dirigida por Antonio Muñoz de Mesa e interpretada por Rosa Mariscal e Iván Villanueva, fue elegida para participar en el aclamado Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, que se celebraró del 11 al 28 de julio del 2014. Hoy rescatamos una de las críticas que recibió en su paso por este festival, escrita por Matías Montes Huidobro, escritor, ensayista, dramaturgo, poeta y novelista. Colaborador de El Correo de Cuba.

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La visita de Antonio Muñoz de Mesa: el triunfo de la razón

Y sin embargo, tan pronto termino de ver El loco y la camisa me enfrento a su antagonista teatral, La visita, donde la razón impone su peso escénico contra la locura, en un texto eminentemente ético, que apunta contra cualquier exceso escénico, por justificado que sea, eliminándolo, casi en pugna con una teatralidad a la cual le da la vuelta hasta hacer un planteamiento distanciado que quiere, deliberadamente, anular toda emoción para lograr su objetivo.

Habiendo conversado un par de veces con el autor, no dejó de sorprenderme que Antonio Muñoz de Mesa se bajara con una circunstancia legal que sube a escena de una manera dura, árida e impersonal, y que convierte lo que hubiera podido ser un alegato explosivo contra la pederastía eclesiástica, en una operación quirúrgica llevada a cabo con la precisión de un cirujano, casi sin inmutarse.

Lo que quiera precisamente Muñoz de Mesa, es eliminar toda empatía teatral, o rechazo emocional, para enterrar el bisturí en la llaga como quien erradica un tumor maligno. De ahí que no haya nada de glamour en una sotana cardenalicia, reduciendo la sotana al mínimo en el espacio físico de un curita de aspecto inofensivo, aunque desde el primer momento, en un detallito acá y otro del otro lado, deja ver que toca las campanas con la peor intención.

El autor evita también, meticulosamente, toda fanfarria de un juicio escenificado, con sus grandes momentos entre la defensa y la fiscalía, o los golpes de efecto, como frecuentemente se ha visto en el cine con los melodramas de algún juicio legal con efectos teatrales, a lo Perry Mason o inclusive Alfred Hitchcock. Quiere, inclusive, eliminar la teatralidad (por lo menos la que usualmente entendemos como tal) que no pasa en las primeras escenas de una insinuación de lascivia para caracterizar al sacerdote.

Trabaja la obra sin grandes escenas, sin alardes, con algunos detalles de utilería, dándole particular énfasis al cáliz, que va de una mano a la otra en la lucha de poder entre los dos personajes. Básicamente lo que se lleva a efecto es una exposición descarnada que, en su propia aridez encuentra el material escénico que lo sostiene. Porque, no conforme con esta actitud conceptual, hace descansar la acción en torno al más antidramático de los motivos, una póliza de seguro, que le sirve para desarrollar la más cínica circunstancia escénica, con una frialdad que pone los pelos de punta, y que puede ser el trasfondo patológico en el cual se esconde la locura.

El crimen que hay detrás de la poliza, se comete sin que corra la sangre, sin pasión y sin gritería, sin Double Indemnity, en una serie de escenas distanciadas, que invitan a una inusitada asociación brechtiana detrás de la objetividad entre legal y periodística con la cual Muñoz de Mesa trabaja, y gracias a la muy audaz aproximación a un personaje descarnado, el padre Lucio, estupendamente interpretado por Iván Villanueva, que esconde las excelencias de su trabajo detrás de un refinadísima careta cínica que deja corto al más desmadrado de los personajes y a cualquier cardenal de esos tan explícitos que han subido a escena.

El mayor acierto de Villanueva, y de la concepción del personaje por el autor, es la convicción en sí mismo, sin que llegue a ocultar al hijo de puta, que es una propuesta brechtiana.

Claro está que detrás de cláusulas y asteriscos de una póliza donde el delito de pederastía se circunscribe a “un accidente laboral”, se pone de manifiesto el crimen que se comete, y la equiparación de un agente de seguros con la relación metafísica con Dios, es simple y llanamente brutal (y lo peor de todo, con su subyacente posibilidad de certitud que no es menos escalofriante y deja entrever un cinismo interno del texto de acuerdo con su visión de la conducta humana) –confirma, por otra parte, cínicamente hablando, que el gran teatro también se sostiene por grandes hijos de puta, en contrapartida con los locos, lo cual es un concepto digno de tomarse en cuenta en el análisis de la condición humana.

Porque lo cierto es que, escénicamente, el Padre Lucio se lleva la obra y deja corta a Esther, pero que esta se crece como personaje dramático por la interacción que sostiene con el eclesiástico, hasta mover las fichas en el tablero con armas que tienen cierta semejanza.

El juego entre los dos espadachines está llevado con precisión, y la evolución de Esther queda bien marcada por el autor y la actriz. Como quien no quiere la cosa, tampoco se descuidan los detalles, incluyendo la aparente transición que representa el juego de fútbol que da a la acción un peculiar cambio de dirección deportiva en el “match” que estamos presenciando.

La habilidad dramática está en que Muñoz de Mesa sigue minuciosamente los pasos de la póliza, y nosotros lo hacemos con una mayor atención de la que ponemos en aquellas que hasta firmamos, descuidando cláusulas y asteriscos, que es la trampa dramática con la cual juegan los personajes como si fuera un tablero de ajedrez.

Lo que evita a toda costa el dramaturgo es que nosotros nos dejamos llevar, como un hincha, por la emoción de un goal, para que sigamos la acción con la frialdad de un detective. Se mantiene una separación deliberada entre nosotros y la escena, con conciencia de la cuarta pared.

Este distanciamiento de cariz antidramático tiene sus inconvenientes y claro, no es lo mismo seguir el cinismo duro, escueto, de un thriller como El Halcón Maltés, al impacto de un loco, como el de Nelson Valente en El loco y la camisa, que sale volando en escena y se tira de cabeza contra el piso en nuestras propias narices. La intención de Muñoz de Mesa es la opuesta, enfriarnos, tirarnos casi un jarro de agua fría, para no enturbiar el juicio.

El padre Lucio es un criminal nato, que, significativamente, con el cáliz en una mano y Pinocho en la otra, no se inmuta con nada ni con nadie.

FOTO LA VISITA

“LA VISITA”

SÁBADOS 21h y 23h. 15€.

 

Escritor y director: Antonio Muñoz de Mesa

Intérpretes:  Rosa Mariscal e Iván Villanueva.

 

La CASA de la PORTERA

Teléfono de reservas 649397571 (de 11h a 14h y de 17h a 20h) o en entradasymas.com